publicado en el 2do libro Lo Mejor de Positivo y Negativo
POSITIVO Y NEGATIVO. Dos Formas de Encarar la Vida
por Emilio Santamaría S.
Según consta en el acta de averiguación previa número 804/93, levantada por el Lic. Azpeitia González, representante social en la Delegación de Policía de Ciudad Victoria, en el estado mexicano de Tamaulipas, David González de la Garza se quejó de haber sido burdamente estafado.
En esa acta aparecen los pormenores. David es un joven Ingeniero Agrónomo, de 26 años de edad, residente en esa ciudad. Explicó que vio un anuncio en un periódico local, según el cual una mujer clarividente ofrecía consultas en la habitación 109 del hotel Santorin, situado en el cruce de Matamoros y Guerrero, dos céntricas calles de esa ciudad.
David decidió visitarla casi de broma, porque últimamente «había tenido muy mala suerte en lo económico y en lo sentimental». Así que un 23 de junio fue al lugar y conoció a la mujer. Después de la «lectura» de las cartas, ésta le informó que estaba «embrujado”. De esta forma, eran inútiles todos sus esfuerzos, porque se estrellaban con el maleficio de alguien que «lo quería mal» ¿Qué podía hacer el pobre muchacho en ese caso?
La «clarividente» tenía la solución a mano: a cambio de unos mil pesos mexicanos, ella le practicaría una «limpia» , con la cual quedaría «sanado por el resto de su vida»
David regresó a la segunda sesión con el dinero y un ramo de flores que la mujer le había solicitado. La ceremonia se realizó en un momento, y David se sintió, según las palabras asentadas en el acta «mucho mejor, como liberado». Entonces preguntó a la dama si podría sacarse la lotería. Esta le aseguró que haría algo quizá mejor por él: triplicaría cualquier dinero que él pudiera traer para ese fin. Emocionado, el joven ingeniero fue velozmente a vaciar su cuenta de ahorros y pidió algún dinero prestado. Logró reunir así además de los ocho mil pesos propios, diecinueve mil prestados por algunos amigos.
Ya en la habitación del hotel, la mujer le ordenó poner «con sus propias manos» todo el dinero en una bolsa plástica negra, que fue cerrada de inmediato con unas grapas, y cosida con un hilo negro.
Después le ordenó ponerse de pie y quitarse la camisa. Con mucho cuidado, la hábil estafadora le pegó al cuerpo la bolsa con tiras de masking-tape. Después lo despachó con la advertencia de no moverla de ese lugar antes de siete días, ni romper la promesa contándoselo a alguien. Al término de ese lapso, la clarividente le diría «quién» lo tenía embrujado, e incluso «le daría la clave de como triplicar él mismo el dinero». El resto usted ya lo supone.
Al regresar después de esos siete días «sintiendo claramente en su espalda la bolsa con el dinero», se encontró que la mujer había desaparecido y que el nombre que dio en la administración del hotel era por supuesto falso. Cuando abrió la bolsa se encontró en lugar del dinero, con papel recortado al tamaño de los billetes. Fue entonces cuando furioso, se dirigió a la Estación de Policía, y entró gritando: «¡Estafado! ¡Estafado!».
¿Qué hace que un joven profesional caiga en una trampa tan burda? ¿Cómo es posible que un hombre que ha pasado por las aulas universitarias, y por lo tanto ha ensanchado su visión de la vida y su forma de razonar, cometa errores tan elementales? La respuesta puede estar por un lado en la ambición desbocada y por otro, quizá más importante aún, en el afán humano de encontrar fuera de nosotros al culpable de lo que nos sucede. David González de la Garza no es ni remotamente la excepción.
Cientos como él prefieren pensar que «alguien» los tiene embrujados, y que ésta y no otra es la razón de sus desventuras económicas y sentimentales. No les agrada lo que están obteniendo de la vida y luchan por cambiar esa situación, equivocando el camino. Entonces, cuando lo que recibimos de la vida no nos agrada, ¿qué debemos hacer? Creo que una buena contestación está en el axioma:
«no podemos seguir haciendo lo mismo, en la misma forma, y esperar resultados diferentes». En otras palabras, está en nuestras manos cambiar los resultados. Lo que necesitamos es detenernos y pensar qué debemos hacer diferente. De otra manera, al pensar que «alguien» nos tiene «embrujados», estaremos dando el primer paso para estafarnos a nosotros mismos, y acabaremos con papel recortado en lugar de valores auténticos.
LO NEGATIVO:
Permitir que nuestra forma equivocada de pensar nos llene de negativismo llevándonos a jugar el doble papel de estafador y estafado.
LO POSITIVO:
Grabar bien en nuestra mente que si queremos resultados diferentes, tenemos que actuar diferente.

