Emilio Santamaría / Dale Carnegie / Honduras

¡Cuídese de ese aguijón!

Positivo y Negativo por Emilio Santamaría S. – ¡Cuídese de ese aguijón!

Cuando mi suegro, Don Angel Irías subió al tejado de su casa en San Pedro, estaba lejos de pensar la pesadilla que iba a vivir enseguida. Quizá quería tapar alguna gotera, pero lo que encontró fue un enjambre de abejas africanizadas que lo atacaron de inmediato. La defensa era prácticamente imposible. Mando, su hijo se dio cuenta de lo que ocurría y subió rápidamente en su ayuda, y aunque también las abejas lo atacaron, logró rescatar a su padre. Don Angel y Armando estaban muy mal.

Recibieron ayuda, pero el tratamiento fue doloroso. Inyecciones, extraer los aguijones uno a uno en una piel inflamada y enrojecida. Afortunadamente se salvaron. Pero supieron de otras personas que en situación similar, había perdido la vida. Fueron, a pesar del terrible ataque, muy afortunados en ese ya ahora lejano momento. Ambos ya fallecieron, por causas totalmente ajenas a ese incidente.

Recordando eso me hizo pensar en gente que hiere con su propio aguijón. Como aquel alcohólico que llega ebrio a su casa, descargando su veneno en su esposa y en sus pequeños hijos, aterrorizándolos. Y además rechaza toda ayuda de sus compañeros de trabajo, con Alcohólicos Anónimos, que ya ayudó a muchos igual que él. ¿Y que me dice de ese que clava constantemente su aguijón venenoso en las redes? No comenta, solo insulta a todo el que se atreve a pensar diferente. ¿Y del que insulta casi constantemente a su mujer? Clava su aguijón y acaba envenenando su hogar.

Conozco un gerente propietario, que siempre se refería con palabras soeces a sus empleados, era su forma de reclamar “su falta de cooperación y su incompetencia”. Clavaba su aguijón y envenenaba el ambiente de su propia empresa.

Por otro lado, siempre recordaré a un participante del Curso Dale Carnegie de Relaciones Humanas. Me confesó que, por una “diferencia generacional”, se estaba envenenando la relación con su padre. El curso lo sensibilizó, y me dijo: ¿Qué puedo hacer? Le sugerí, visítelo y dígale “perdóname papá”. Lo hizo, ¿el resultado? Un abrazo de padre e hijo. Adiós veneno.

LO NEGATIVO:

Andar inconscientemente, clavando aguijones y envenenando nuestro entorno.

LO POSITIVO:

Desarrollar la actitud de total respeto por los demás. Es antídoto a un posible veneno.

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